Las dos caras de que recibir su envidia
Hace un tiempo, mi amiga y mentora, Irene, y yo entramos en un restaurante.
Estábamos esperando a que nos dieran una mesa, ahí, de pie, bajo la mirada atenta de un grupo de chicas que ya estaban cenando.
Irene, experta, por cierto, en comunicación no verbal, me dijo:
-Nos están mirando mucho, creo que nos tienen envidia.-
-Mejor! -le contesté- Si nos tienen envidia será porque algo estamos haciendo bien.
Supongo que hay maneras de tomarse la envidia de otras personas.
Ella, una chica alta, rubia, guapa, inteligente…estaba familiarizada con esa sensación y le hacía sentir incómoda. Supongo que en su vida, ha tenido que lidiar muchas veces con ese resentimiento de mujeres que, no contentas con su físico, o su mente, la miraban con odio.
Eso, le hizo en ocasiones rebajarse para no destacar.
Sin embargo a mí, bajita, gordita, y sin mucho que ofrecer (en otra época de mi vida), esa «pelusilla» que me puedan tener me genera confianza. Será que algo estoy haciendo bien, cuando alguien desea lo que yo tengo.
Tipos de envidia
Hay un tipo de envidia que le llaman «envidia sana». Quien te tiene este tipo de envidia, se fija en ti para mejorarse a si misma. La inspiras. La motivas. Y eso está genial.
Pero hay otro tipo «la envidia maliciosa». Esa persona desea que pierdas todo lo que has construido simplemente porque no se siente capaz de igualarte.
Esta última puede ser especialmente dañina para quien la recibe. Puede deteriorar su confianza y hacer que no pueda mostrar sus éxitos por miedo a las reacciones de su entorno, lo que genera mucha tensión y aislamiento emocional.
A menudo, tiene que enfrentarse a comportamientos pasivo-agresivos y microagresiones o incluso a que intenten sabotear sus proyectos.
No es justo.
Consejos de mentalidad para gestionarla
Aplica el «Principio de Proyección»: Recuerda que la envidia de otra persona es un reflejo de sus propias inseguridades, frustraciones y deseos no resueltos, no de tu valía. Separa su emoción de tu identidad.
Acepta la falta de control: No puedes controlar lo que sienten o piensan los demás; solo puedes controlar tus reacciones y tu nivel de exposición.
Evita la «trampa de la culpa»: No pidas perdón ni te sientas culpable por tus avances o talento. Disminuir tu rendimiento para encajar en el entorno solo alimentará la insatisfacción personal.
Cuando notes esa sensación recuerda
La envidia que generas no habla de quién eres tú, sino de las carencias o deseos no resueltos de quien la siente. Aprender a gestionarla implica celebrar los logros propios con elegancia y empatía, sin pedir perdón por el éxito ni dejar que el ruido externo condicione tu camino.
Nunca dejes que nadie apague tu luz.

